Región Caribe, también en el limbo

Por Oscar Montes

@leydelmontes

En los Montes de María, entre los departamentos de Bolívar y Sucre, sus habitantes esperan ansiosos que la incertidumbre que viven desde el pasado 2 de Octubre, cuando él No le ganó al Sí, en el llamado Plebiscito por La Paz, llegue a su fin. Pocas zonas de la Región Caribe padecieron con mayor intensidad el enfrentamiento feroz de guerrillas y paramilitares. Ahí están las masacres de Chinulito y El Salado, entre otras, para demostrarlo con un buen número de viudas y huérfanos.

El gobernador de Bolívar, Dumek Turbay, oriundo del Carmen de Bolívar, epicentro de Los Montes de María, quien junto con todos los gobernadores de la Región Caribe se puso la camiseta del Sí, sabe muy bien que la firma del Acuerdo Final de Paz con las FARC -hoy sin validez jurídica y política por cuenta del triunfo del No- significa poder pasar la página de horror que por años vivió su tierra. “En el posconflicto habrá mayor inversión social y con ello mayor desarrollo”, me dijo recientemente en Cartagena el joven mandatario. Igual piensan Eduardo Verano de la Rosa, del Atlántico; y Édgar Martínez, de Sucre.

El limbo en que están los cientos de municipios que fueron afectados por la guerra -entre ellos aquellos que serían puntos de asentamientos de los guerrilleros que se desmovilizaría, como Conejo, en La Guajira; Tierralta, en Córdoba; y La Paz, Cesar- paralizó de repente todos los proyectos que se tenían diseñados desde las administraciones departamental y municipales. 

Nada se puede hacer hasta que el Gobierno, con el presidente Juan Manuel Santos a la cabeza, logre acuerdos con los líderes del No, entre ellos el expresidente y actual senador, Álvaro Uribe, que permitan superar la grave situación que quedó planteada con la derrota del Sí. Dichos acuerdos deberán ser sometidos al visto buenos de las FARC -contraparte del Gobierno en la mesa de La Habana- para ahí continuar con una salida jurídica y política a la crisis. Estamos hablando de varias semanas. El tiempo -la falta de tiempo- es la mayor dificultad de los acuerdos entre las tres partes: Gobierno, FARC y líderes del No.

La guerra en Colombia se desarrolló en las regiones, especialmente en el campo -las ciudades no padecieron la arremetida de la subversión, como sucedió en Perú, por ejemplo, con Sendero Luminoso- ello obliga a que la paz sea también regional. Así lo ha anunciado en varias oportunidades el presidente Juan Manuel Santos. Ese desarrollo regional que se espera con él posconflicto es el que está hoy en el limbo. 

¿Cómo superar ese cuello de botella? La única manera es con una buena dosis de sensatez y madurez política que permita alcanzar acuerdos viables. No es tiempo de soberbia o vanidades. Sin paz todos somos perdedores, pero los mayores perdedores serán las regiones, como podría suceder con los habitantes de Los Montes, cuyos líderes claman por un acuerdo con las FARC que permita dejar atrás 52 años de guerra inclemente. Ese es su sueño, pero la realidad les muestra que tendrán que seguir esperando, por ahora.

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