Las regiones desde Bogotá

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Fabián Mauricio Martínez

Santander y Norte de Santander

Es famosa la frase de Robert Capa: “si tus imágenes no son lo bastante buenas, es que no te has acercado lo suficiente”, la cual considero, puede aplicarse a la sensación que tuve cubriendo los santanderes desde Bogotá. Si bien el ejercicio de rastreo, selección y agregación de noticias fue interesante, muchas veces quise estar en la región para cubrir los acontecimientos en vivo.

La marcha de los campesinos del Catatumbo y la tutelatón en Cúcuta, la movilización de estudiantes y ciudadanos en Bucaramanga, fueron situaciones que me hubiese gustado seguir personalmente, para entenderlas desde mi percepción y punto de vista –tomando testimonios, haciendo entrevistas y retratos– y no sólo desde la interpretación de notas ya hechas.

Los contenidos propios los hubiese disfrutado más visitando a mis entrevistados, observando sus gestos, escuchando sus silencios, tomando notas impresionistas de los lugares donde nos hubiésemos encontrado. Creo que soy un periodista más del siglo XX: prefiero el contacto directo con las personas que el correo electrónico, Skype o cualquier red social. En ese sentido debo confesar que siento nostalgia de una época que no me correspondió vivir.

Sin embargo, debo decir que llamar o escribir varias veces a los entrevistados, insistir cuando alguno de ellos incumplía la hora pactada para conversar, presionar para obtener determinada información faltante, fue enriquecedor porque me mostró varias aspectos actitudinales que debe tener un periodista que requiere celeridad o colaboración de sus fuentes. Actitud amable pero certera, porfiada pero respetuosa.

Santander y Norte de Santander fueron las regiones que cubrí para este especial periodístico de Narrativas Multimedia. Lo hice desde Bogotá, con lo cual aprendí lecciones pero para la próxima, prefiero que me envíen como corresponsal al lugar de la noticia.

 

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Lizeth Vanessa Riaño

Chocó y Valle

La región del Pacífico colombiano ha sido quizá una de las más afectadas por los estragos generados a raíz del conflicto en el país. Después de los resultados de las votaciones del plebiscito por la paz, fue evidente la posición de las poblaciones locales, quienes votaron SÍ en las capitales: Quibdó, Cali, Popayán y Pasto.

Del mismo modo, en las ciudades principales se evidenció una alta participación de estudiantes y docentes quienes se organizan constantemente en torno a actividades referentes al proceso de paz. Iniciativas de movimientos sociales, colectivos de mujeres y grupos étnicos, fundaciones y organizaciones no gubernamentales dan cuenta de un alto compromiso y participación política por parte de los jóvenes, quienes se organizan para trabajar por la formación y educación para la paz.

Todos estos factores pudieron ser interpretados a partir de la información encontrada en los medios de comunicación locales. Sin embargo se evidencia que los principales periódicos no cuentan con trabajos de reportería local a profundidad y en ocasiones la información que circula es más de relevancia nacional que regional. Este factor fue manifestado por los ciudadanos en redes sociales, quienes registran constantemente las actividades y sucesos que acontecen en los municipios haciendo que sea accesible la información en páginas de Facebook o Twitter. Los contenidos informativos y de opinión siguen dando preponderancia a las ciudades capitales y se está quedando por fuera de la discusión nacional todos aquellos ciudadanos que viven en lugares sobre las cuales no se investiga ni genera información. Es importante que no sólo las poblaciones locales sino también las externas hagamos un llamado para producir más contenidos informativos sobre estas regiones que en ocasiones, por falta de preparación y de recursos, no cuentan con las herramientas necesarias para informar a los ciudadanos sobre hechos de vital importancia como lo es el proceso de paz.

 

Sebastián Narváez

Medellín

Si una conclusión se puede sacar después de haber cubierto a Medellín y el Valle de Aburrá estas dos semanas es que existe una dualidad muy grande a nivel generacional sobre la paz en la ciudad. Hay una división entre los jóvenes y los adultos sobre el camino para llegar a la paz.

La juventud paisa es más propensa a aceptar que se logre un acuerdo donde los guerrilleros puedan ganar algo mientras que los más adultos tienen una concepción más cerrada sobre qué es justicia y están mayormente influenciados por instituciones cristianas o partidos políticos. Son más pasionales sobre el Acuerdo.

No obstante, esto no puede tomarse como una generalización ya que no todos los jóvenes iban por el SÍ ni todos los adultos iban por el NO. Esta conclusión se toma con base en las manifestaciones que se han dado en las últimas semanas, donde la petición de un acuerdo ha venido desde los universitarios.

Por último, se resalta cómo desde la pintura la ciudad ha ido sanando sus heridas de guerra. Manifestaciones artísticas como las de los niños que le pintan a la paz o el mural en la Comuna 13 muestran que el arte tiene un papel fundamental en la creación de una identidad frente a la guerra en la ciudad.

 

Juan Tamayo

Nariño, Cauca, Huila, Tolima

Por experiencias anteriores sabía que cuando uno levanta el teléfono y busca sus fuentes, estas responden. Que unas lo hacen más fácilmente que otras, pero que al final, con la insistencia y el tiempo suficiente, todas entregan un testimonio.

Sin embargo, en contextos de incertidumbre y zozobra como el que vive Colombia a propósito de La Paz, que es el contexto que enmarcaba el ejercicio, es necesario más tiempo o insistir con más fuerza. Se trata de zonas donde el conflicto ha pegado de frente y el periodismo vive un día a día de riesgo y censura. El anonimato relativo de un estudiante en Bogotá que llama pidiendo información sobre el clima en torno al limbo en que se encuentran los acuerdos, es un obstáculo más sorteable a partir de una relación de confianza que al menos en mi caso no pude crear en poco más de una semana y a través de una línea telefónica.

El ejercicio de agregación revela claramente el poder de un equipo con instrucciones claras. El volumen de información producido supera la capacidad de cualquier individuo, y la herramienta utilizada permite navegar de manera simple dichos volúmenes. Es importante anotar que la herramienta es gratuita, que está al alcance de cualquiera, que no necesita programadores y profesionales con conocimiento técnico para su correcta operación. Esto permite invertir más recursos en el pensamiento editorial y la reportería que en la forma, lo cuál mejora la calidad del ejercicio periodístico.

 

Laura Díaz

Eje Cafetero

Si bien parece difícil acceder a hechos informativos de un territorio con el que no tenemos relación estricta, no es imposible; en la distancia es factible construir redes de asistencia periodística.

La prensa, la radio y la televisión son el resultado de la sumatoria de los aportes de múltiples periodistas a quienes, según sus objetivos y/o convicciones, les puede interesar participar de proyectos informativos nacientes aún los que no ofrecen remuneración. Una selección de informadores regionales y un intercambio de notificaciones que especifiquen los alcances reales de las iniciativas y las condiciones de participación son suficientes. Aunque las respuestas afirmativas de cooperación sean escasas, quienes estén realmente interesados en ser parte de X o Y proyecto, conferirán el tiempo pertinente a la construcción de contenidos.

La información regional se ignora muchas veces –o poco se profundiza– en grandes medios de comunicación y, por lo mismo, procesos coyunturales no son cubiertos en exclusiva por ellos. Organizaciones, estudiantes y docentes, toman también vocería en el momento histórico demostrando su interés en temas políticos, educativos, económicos, etc. Sus nombres se hacen visibles, para ejemplificar, en eventos convocados en la región a través de redes. Entonces entablar conversaciones con líderes residentes a través de Facebook, Twitter, YouTube, es efectivo.

Pese a que desearíamos efectuar encuentros presenciales con nuestras fuentes de información, el tiempo y la distancia son “restricciones”. Correos electrónicos, llamadas telefónicas, notas de voz y mensajes directos, hoy, hacen posible el intercambio de informes o reportes procedentes de determinado territorio.

 

Julián Bernal

Amazonas, Putumayo, Caquetá, Guaviare, Vaupés y Guainía

La mejor forma de cubrir una región como la de Putumayo, Caquetá, Leticia, Guaviare y Vichada es hablar directamente con las personas. La limitante de la distancia impone una barrera. Sin embargo, no hay que dejar de recurrir a los medios más humanos. Con esto me refiero a la importancia de no diluir en la eficiencia de los medios de comunicación actuales la conexión humana de quien pregunta y de quien responde. Por varias razones: una que nace de las personas con quienes me contacté, y otra que yo logro identificar en mí.

El periodismo –así como cualquier otra labor que se preocupe por los seres humanos– es un ejercicio que busca dar a conocer formas de ser persona: la vida política de una joven víctima que trabaja con las comunidades de su territorio (Orito, Putumayo); la marcha pausada y alegre de las escuelas putumayenses; la lucha política de una mujer de la Asociación de Cabildos Indígenas en San Vicente del Caguán; la resistencia ideológica del exalcalde de izquierda de este municipio. Todos a través de sus palabras entregan su propia humanidad. Al final quedan sus rostros, los tonos de sus voces.

La búsqueda de los contenidos de agregación de esta región fue valiosa. Por el proceso mismo de investigación de la información que escasea. Porque uno se hace una imagen de lo que sucede allí –que, en muchos de estos casos, es un reflejo de lo nacional en lo regional, pero no propiamente lo segundo–. Pero la verdadera motivación para mí fue hablar con las personas, buscarlas por medio de terceros, encontrarlas dispuestas, vivir la adrenalina fluyendo por mi cuerpo cuando hablaba con ellas. Ahí sentí el periodismo, la investigación. En cada conversación me impulsaron las luchas políticas y de humanidad que valían la pena reconocer y mostrar de la mejor manera posible para mí. Y, también, las luchas que yo debía hacer conmigo mismo para lograr ese cometido.

 

David Carranza

La Guajira, Magdalena, Atlántico, Cesar, Bolívar y San Andrés

En la costa Caribe se encuentran varios de los más importantes ejes de la economía en el país. Los departamentos que la conforman son ricos en recursos naturales y ofrecen servicios – como el turismo – que no son comparables con otras zonas del país.

Allí se juegan muchos intereses nacionales y se concentra un poder político y económico inmenso. Por esto es necesario que exista un periodismo independiente que pueda informar a las personas acerca de lo que sucede en la región.

Lo que se puede percibir cuando se sigue la actualidad de esos departamentos desde Bogotá es que impera el centralismo. El Caribe pocas veces se involucra en problemáticas nacionales y las cuestiones caribeñas suelen interesar poco a nivel nacional. Pedirle a La Guajira o a las islas de San Andrés, departamentos abandonados sistemáticamente por los gobiernos de turno, una mayor participación al 20% en la democracia es pedirle a un hijo que ha sido dejado a la deriva por su padre que se interese por él.

 

Gabriel Corredor

Boyacá, Cundinamarca, Bogotá

Durante la realización de este especial me di cuenta de que la brecha en el periodismo entre Bogotá y otras regiones es enorme, incluso cuando las distancias geográficas son pocas. Cundinamarca, en donde se encuentra Bogotá, carece de medios de comunicación locales —y las emisoras de radio tienen poca presencia en internet—. Los pocos medios online tienen muy poco uso de herramientas digitales, prácticamente no realizan cubrimiento de temas coyunturales, ni aterrizan los temas nacionales —como el plebiscito y el proceso de paz— al contexto local.

Esto, que creo ocurre en cualquier región del país, tiene que plantearnos la necesidad descentralizar los conocimientos y la experiencia periodística de Bogotá —donde se concentran casi todos los medios— y llevarlos a ciudades intermedias. No habrá fiscalización del poder ni control ciudadano en buena parte del país mientras la mayoría del periodismo —y, sobre todo, el buen periodismo— se construya desde Bogotá incluso cuando habla de las regiones.

 

William Castaño

Boyacá, Cundinamarca, Bogotá

Recopilar noticias de los medios de comunicación de Cundinamarca y Boyacá ha resultado una tarea agridulce. Agria porque es muy poca la información que se publica sobre acontecimientos regionales que estén relacionados con el tema de la paz. Por supuesto, notas que dan cuenta de lo que sucede al respecto a nivel nacional son reproducidas con lujo de detalles, pero, si nos atenemos a lo que se publica en las plataformas electrónicas de periódicos y revistas, pareciera como si se viviera otra realidad en los municipios de la región cundiboyacense.

Ahora bien, sí resulta dulce saber que los medios consultados se ocupan de noticias de verdadero interés para la región, prueba de ello es que aparecen noticias acerca de la consecución de recursos para proyectos de agua potable y alcantarillado; preocupaciones por el mal uso que se da a tierras en las áreas rurales o los esfuerzos de las autoridades municipales para ayudar a las comunidades indígenas que habitan en la región. Ahora bien, buscando responder a la pregunta acerca de qué aprendizajes deja la experiencia de abordar una región desde Bogotá, el principal, sin duda, por lo menos en mi caso, es que aproximarse a los hechos que se viven en un lugar lejano, que no se conoce y sin hacer presencia en él, lleva a enfrentarse con la disyuntiva entre ‘creer’ o no.

Es decir: se da crédito a que lo mucho o poco que publican los encargados de informar da cuenta de lo que sucede en la región, o, en cambio, se duda acerca del trabajo periodístico en cuestión. Así que el mayor aprendizaje consiste en la tripleta: “dudar siempre de lo que nos dicen”, “buscar lo que no nos dicen” y “analizar por qué no nos lo dicen”. Ese trinomio resulta fundamental para la labor periodística y, sin lugar a dudas, no puede darse sin que contemos con fuentes fidedignas en el lugar de los hechos y esto demanda una tarea adicional: la necesidad de construir una red de contactos que nos faciliten el trabajo a distancia.

 

Juan Sebastián Salazar

Antioquia, Sucre, Córdoba

Hacer periodismo desde la distancia (yo Bogotá, él Montería) es igual a hacer una nota periodística sobre la pobreza de una ciudad desde la comodidad de un hotel cinco estrellas. Sí. De que se puede, se puede. Pero qué poco intromisiva y detallista y misteriosa va a ser la nota. Sí. Porque saludar con un estrechón de manos a una fuente tiene su sentido –su encanto–, verlo a los ojos mientras habla también. Su olor. Su casa. Su restaurante preferido. Su ciudad. Su trabajo. Sus ademanes. Todo tiene sentido: somos testigos de un universo.

Y aquí es cuando entra la diferencia entre observar y ver y mirar. En el primero se examina detenidamente, en el segundo se percibe y en el tercero se dirige la vista a un objeto. Eso dice la Real Academia Española y le creo. El primero es potente, es extremo y profundo: la observación extrema, parafraseando a Martín Caparrós. Los otros son superfluos, básicos y bobos. El escritor de ficción debe observar a sus personajes, ponerlos en situaciones diversas: conocerlos, mas no saberlos. Lo mismo debería hacer el periodista. Eso pienso.

Llamar a Sucre o Córdoba o Antioquia estuvo bien.

Un par de minutos. Un par de citas. Bien. La hoja acumula letras. La nota se crea sola.

Que poco tiempo. Que hay que aprovechar la tecnología. Que poco espacio. Que esto es noticia. Coyuntura. Que esto es un trabajo periodístico. Que qué piensa del acuerdo de paz… Silencio. En este punto la fuente ni siquiera se ve, se oye: yo oigo, copio, estructuro. Oigo, copio, estructuro.

Desde la distancia yo oigo, copio y estructuro; lo que no está mal, pero que qué aburrido y, eso pienso, qué poco periodístico. Y no lo digo yo, lo dice ÉL: “No hay periodismo posible al margen de la relación con los otros seres humanos”.


Germán García

Magdalena, Cesar, La Guajira, Córdoba, Sucre y Bolívar

Colombia no son los medios de comunicación de Bogotá. (Sí, descubrí el agua tibia). A la región Caribe* la aquejan los mismos problemas nacionales: la corrupción, la pobreza, las tragedias, las intrigas politiqueras. Y al igual que sucede en Bogotá, a pesar que dedican espacio a las noticias nacionales, son regionalistas, se contemplan “mucho el ombligo”.

La noción del tiempo es diferente. Una nota para “ya”, no es “ya”. Puede ser en unos días o la próxima semana. Aún estoy esperando una nota de la Guajira. Quizás el paso del huracán Matthew trastocó la noción del tiempo.

El Diario más juicio, serio, con buen diseño en la web y oportuno en la costa Caribe es El Heraldo. Tiene una sección nacional y para cada *departamento una sección exclusiva. Aun así, su ritmo de respuesta es lento. No así, los diarios regionales. Los hipervínculos, en la era de internet, no funcionan.

Al final decidí no aguardar la llegada de una nota, una foto, un video y quedarme como el Coronel… Tomé mi videocámara y me fui tras las marchas en Bogotá. Me hubiera gustado haber tomado un vuelo este puente y yo mismo sacar mis notas. Pero, una semana antes los precios de los tiquetes estaban por las “nubes” y con lo cara que es esta maestría…