¡Paz!

La Paz como derecho constitucional trasciende la esfera personal para constituirse en un anhelo colectivo.

Los resultados del plebiscito que pretendían refrendar el acuerdo final de lo pactado entre el Gobierno Nacional y las FARC, constituyó una lección histórica para nuestro país. En Manizales pese a la estrecha ventaja que obtuvo el NO, la región cafetera estuvo mayoritariamente con esta postura.

Una serie de factores conexos que han hecho carrera en la vida política de nuestra sociedad y que no son ajenos a las capitales del Eje cafetero, considero marcaron la decisión ya conocida.

El primero de ellos es lo intangible que resulta para la mayoría de los colombianos el concepto de Paz. Más de 50 años de historia marcada por la presencia de una guerrilla que con crueldad y sin reparos atacó la infraestructura del país, sembró de minas los campos, causó dolor en centenares de familias de personas ajenas a una causa “revolucionaria”, marcaron con tinta indeleble y con odio imperdonable para muchos a este grupo alzado en armas.

Ahora bien, el perdón. La condición humana requiere de un alto grado sublime para poner en práctica procesos de perdón y reconciliación.

En el correr de los días en ciudades como Manizales  que no se han visto afectadas frontalmente por la presencia de la violencia de guerrillas, se dan episodios cotidianos de enfrentamientos producto de la intolerancia, la venganza y obviamente enfrentamientos entre segmentos poblaciones que generan cadenas de homicidios.

En estos casos se hace evidente la debilidad en el “don del perdón”, capacidad individual que trasladar a lo colectivo no resulta expedita de alcanzar.

Desde el plano político con los resultados quedó ampliamente plasmada la polarización del país en tres vertientes. Una que defiende un proceso por demás en mi concepto admirable, independiente de los factores externos que son sujeto de reparos.

El Presidente de la República Juan Manuel Santos se jugó su capital político. 6 años de negociación en medio de la hostilidad y la baja aprobación popular de las conversaciones, puso a prueba su paciencia, convicción y perseverancia; elementos que a la postre le permitieron alcanzar no sólo el acuerdo final, sino el reconocimiento de la comunidad internacional plasmada en el Premio Nobel de Paz.

En otra orilla los defensores del No. Inocultable también el aún poder de persuasión en sectores de la opinión pública del Ex Presidente Álvaro Uribe y su partido Centro Democrático. Las razones del no acudieron precisamente a lógicas sencillas para captar la atención de ciudadanos inconformes con lo pactado.

Y un tercer elemento, que por demás está presente en todas las elecciones, sin ser la del plebiscito la que bajara los niveles; la abstención. Un 60% de ciudadanos no acudieron a las urnas. Una masa de votantes que dejan en un limbo su posición: o no se interesan por los temas gruesos de la agenda de país o simplemente su cotidianidad no se encuentra permeada por situaciones en los que se define un asunto que nos de poca monta: el fin del conflicto.

Luego de las elecciones, del triunfo del No, de la sombra de temor que nos acompaña y de la alta carga de incertidumbre que el proceso derivó, estamos presenciando manifestaciones que nos permiten aún confiar en que más allá de lo acordado la ciudadanía comienza a despertar y exigir un final sin dilaciones. Estudiantes marchando, grupos opositores buscando alternativas de encuentro y re negociación y un secretariado de las FARC defendiendo la postura de avanzar por el camino de la Paz.

Si esta sociedad aprovecha la coyuntura actual seguro estoy de la posibilidad de ganar por medio de la coherencia social lo que no se logró en las urnas: legitimar un acuerdo de paz duradero en el cual el ego propio de los afanes de poder quede relegado por  un arraigado anhelo de construcción colectiva de nuevos escenarios alentadores que sin duda debe traer el pos conflicto.

Octavio Cardona L.
Alcalde de Manizales

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