Narrar la incertidumbre desde el margen

La primera vez que llamé a Bibiana Ramírez estaba ocupada escribiendo una nota periodística sobre las mujeres campesinas en Antioquia: “La idea es contar cómo han sido invisibilizadas y cómo han ganado algo de espacio en el campo político de la región”.

Bibiana es paisa, estudió periodismo en la Universidad de Antioquia y, desde hace unos años, colabora en varios medios alternativos de comunicación de la región. Tinta Tres (que ya no produce contenidos), Prensa Rural y el Semanario Voz. Ella es una de las tantas que, a través de una cámara, una grabadora o un papel, narra, de manera alternativa, lo que ocurre en su entorno; lo que ocurre con la paz, con la guerra, con sus actores y, ¡cómo no!, con los acuerdos de paz.

“Cuando nos enteremos de que el NO había ganado, nos sentimos derrotados. Fue un silencio de un par de días. Nos habíamos confiado. Fue mucha tristeza, sobre todo después de haber estado en el Yarí (en el departamento del Meta, en la V Conferencia de las FARC), conviviendo con guerrilleros varios días, ellos esperanzados y luego todo derrumbarse”, cuenta Bibiana en un mensaje electrónico.

Algo parecido les pasó a los integrantes de la Agencia de Medios IPC e Inforiente, a los del Colectivo Audiovisual Señales de Humo o a los corresponsales en Antioquia del diario Desde Abajo. No lo podían creer.

Un día después del plebiscito la IPC dijo, con cierto desdén y neutralidad informativa, que las votaciones transcurrieron con normalidad en Antioquia; luego, al día siguiente, dijeron, con algo más de ánimo, que con el NO perdían los desplazados campesinos por la violencia:

“Algunos de los sectores que promovieron el NO, tienen entre sus representantes o voceros a personas que consideran que en Colombia no existen desplazados sino migrantes y que ven como normal la concentración de tierra en pocas manos”, se leía en el artículo.

Y así empezó la avalancha. Artículos sobre las marchas que exigían un acuerdo de paz, sobre las víctimas y su derecho a ser escuchadas –que el Congreso de los Pueblos rechazaba que el pacto se cerrara; que las Madres de la Candelaria, de Antioquia, exigían los cuerpos de sus familiares desparecidos; que los pueblos indígenas de Colombia reafirmaban su voluntad de paz.

“Después de unos días empezamos a publicar varias posiciones, análisis, opiniones nuestras y de gente que colabora en Prensa Rural. Nos dimos cuenta que faltaron muchas cosas por hacer. Por mi parte me dediqué a contar historias de violencia del campo, como una manera de mostrar que allí han sufrido en carne propia la guerra, que fue a toda esa gente a la que le dieron la espalda”, dice Bibiana.

Aunque el No ganó en Antioquia, los medios alternativos, en general, demostraron que mucha gente en las calles quería la paz, que, incluso, muchos estaban arrepentidos por votar NO y que no sabían lo que hacían.

“De algún modo nosotros tratamos de derribar las ideas de odio y desconocimiento con nuestras investigaciones; tratamos de mostrar la realidad que está fuera del televisor o de un escritorio”, concluye Bibiana.

Sucre, un proceso inacabado

La paz es una aspiración y un derecho fundamental. La construcción de la paz requiere del concurso de todas las fuerzas vivas de la Nación. Frente al panorama de los acuerdos con las guerrillas de las FARC y del ELN, el departamento de Sucre ha abanderado, desde la sociedad civil, varios procesos de reconstrucción del tejido social: el proceso de justicia y paz en el año 2006 en la región de los Montes de María y el Golfo de Morrosquillo.

No obstante lo anterior, las poblaciones de las subregiones de la Mojana y el San Jorge no registran la misma dinámica de empoderamiento frente a su condición de sujetos de derechos. Las razones que explican esta disparidad son, por un lado, la presencia de los grupos armados ilegales pos-desmovilización que han cooptado los territorios, que en otrora, estuvieron bajo el control del Bloque Mojana de las AUC y el Frente 35 de las FARC; y por el otro lado, la visión centralista de la administración departamental y local que ha incrementado la distancia geográfica y física con esas subregiones. Lo anterior ha sido capitalizado históricamente por los grupos armados ilegales para imponer el control social y ejercer el poder en estas comunidades.

En los últimos cuatro años se ha sostenido que Sucre es un departamento en posconflicto. Nada más alejado de la realidad que deben vivir las subregiones de la Mojana y el San Jorge sucreño, puesto que la realidad del departamento no puede estar mediada meramente por la experiencia de los Montes de María que solo son 6 municipios de los 26 que integran el departamento.

Este tipo de discursos totalizadores desconocen las realidades que viven comunidades alejadas del centro administrativo del departamento, incidiendo en la comprensión de la realidad y los problemas de seguridad que debe seguir enfrentando la sociedad civil de estas subregiones. Asi mismo, se convierte en un obstáculo para el restablecimiento de los derechos de la población víctima.

El derecho a la Paz en el departamento de Sucre no es un proceso acabado, como algunas personas piensan. La paz es un ejercicio en ciernes que requiere del compromiso de la sociedad civil y, particularmente, de la institucionalidad local y regional para garantizar que toda la comunidad sucreña tenga escenarios de paz con justicia social.

 

MARGARITA JAIMES VELASQUEZ

DOCENTE INVESTIGADORA FACULTAD DE DERECHO CECAR

La juventud se mueve por el Acuerdo

Las movilizaciones en Medellín han mostrado un quiebre social en la ciudad sobre las opiniones acerca de cómo debe darse una negociación con las Farc. Acompañados de organizaciones sociales, los universitarios medellinenses salieron a las calles el pasado 7 de octubre y planean volver hacerlo el próximo 12 para pedir un acuerdo ya.

Lo llamativo de estas movilizaciones en Medellín es que muestra que hay un rompimiento generacional entre los habitantes de la ciudad acerca del Acuerdo. Si bien ganó el NO, hay un gran sector que viene desde las universidades el cual no se siente conforme con el resultado del plebiscito.

Por eso no es menor que al menos 15000 personas salieran el pasado viernes 7 de octubre por las calles de Medellín a pedir que se finiquite el Acuerdo y buscar una salida negociada al conflicto.

“Si hay una oportunidad de cambiar el país es esta. Además, no podemos dejar que el departamento sea conocido como el del NO, el de Uribe. Aquí queremos paz y que se llegue a un Acuerdo pronto” comentaba Juliana Mejía, quien marchó el 7 de octubre y pensaba salir mañana a la marcha.

Por su parte hay quienes ven que lo más significativo de las marchas en Medellín es que son los jóvenes los que están buscando una salida negociada. “Los universitarios son los que están pidiendo que se logre algo y creo que su voz debe ser escuchada. Sí, ganó una mayoría que el Acuerdo traía más cosas buenas que malas pero es la juventud la que debe aportar”, comentó Laura Betancur, otra asistente de las marchas que se han tomado en los últimos días no solo a Medellín sino a varias ciudades del país.

A pesar de ser el bastión del uribismo y una de las ciudades que más ayudó a la victoria del NO, los jóvenes en Medellín no pierden la esperanza de que un Acuerdo se dé pronto. No es claro, como pasa en otras ciudades, hasta cuándo irán las movilizaciones estudiantiles, pero la juventud parece darle una oportunidad al diálogo aún habiendo perdido en el plebiscito.

Medellín, la ciudad del NO

El pasado 2 de octubre el país votó no al plebiscito que refrendaría el Acuerdo Final entre las Farc y el Gobierno Nacional. En esta coyuntura un departamento fue grandemente señalado por su postura y la inclinación que le dio a la elección: Antioquia. Allí el electorado arrasó y la capital, Medellín, hizo sentir su poderío electoral.

Hay varias razones para que el NO lograra ganar en la ciudad. El fuerte conservadurismo que ha caracterizado a la ciudad y a la región, la influencia de Álvaro Uribe, el hastio a la violencia y la impopularidad del presidente Santos.

En Medellín ganó el ala conservadora que ha dominado al Valle de Aburrá desde hace décadas. Bajo esa línea, ganó el discurso desde donde se decía que el Acuerdo afectaba a la familia tradicional y que el socialismo podría llegar de la mano de las Farc. Variables como la influencia de la Iglesia Católica o el apoyo que tiene la derecha en la ciudad no se pueden dejar a un lado porque tienen discursos que todavía son conumidos y acogidos por habitantes en la ciudad.

Esto de va muy de la mano con la influencia de Álvaro Uribe en la región. Si bien que el expresidente sea de la región y su gestión de mano dura afectan, su giro de una derecha liberal a una más conservadora le ha permitido conquistar a mayor población en la ciudad. El uribismo tiene una acogida muy profunda en la ciudad, ligada en algunos con el fanatismo. Por eso no es de extrañar que en Medellín más de 60% haya votado por el NO.

Sin embargo, aunque se le ha achacado la victoria de NO en el plebiscito en Medellín y Antioquia a Uribe, no todos los que rechazaron el Acuerdo lo hicieron por seguir las ideas del expresidente. Se debe tener en cuenta que en la región hay un alto grado de odio hacia las Farc y una baja popularidad hacia Santos.

Si bien el presidente sabe que Medellín no es de sus fuertes electorales, se pudo haber confiado debido a los resultados de las elecciones del 2015, donde el uribismo perdió en la región. Además, no solo en Medellín sino casi en todo el país, mucha gente interpretó el SÍ como un apoyo a Santos y eso pudo afectar la votación paisa. El poco apoyo a la gestión que posee el presidente pudo pasarle la cuenta de cobro en las elecciones porque el Acuerdo se distorsiono por un ámbito personalista donde se castigó la posible mala gestión presidencial con el NO.

Y a esto se suma que Medellín sí ha sido golpeada por la guerrilla, lo que ha dejado a varias víctimas directas e indirectas que no creen en la voluntad política de las Farc o no ven en el Acuerdo la justicia que creen debería ser la conveniente. Este hastio por las Farc se generalizó y mezcló con otros elementos discursivos como el castrochavismo o la baja intensidad defensiva del Estado, provocando que no se tenga confianza en el proceso y ponga la balanza hacia el NO.

Así, Medellín sale de la caracterización y el esterotipo donde la ciudad es totalmente uribista y pone sobre la mesa otras explicaciones de por qué la ciudad fue la del NO.

El amor en los tiempos del plebiscito

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El artista santandereano Roger Barajas -ilustrador y explorador de áreas gráficas, técnicas y conceptuales- creó esta obra a partir de la coyuntura política, histórica y social en la que se encuentra nuestro país. En ella se celebra el acercamiento entre Uribe y Santos, ironizando la posición de poder de cada uno de ellos, pero reclamando una reconciliación que lleve  a Colombia definitivamente a la paz.

El estilo, hiperrealismo; la técnica, acrílico sobre lienzo.

La marcha de las escuelas de Putumayo

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En la Marcha de las flores del miércoles 12 de octubre, en que se movilizó por la paz la diversidad colombiana en Bogotá, también lo hicieron las escuelas de Putumayo. Llevaban máscaras, flores, caras pintadas, y una voz que gritaba desde muchas bocas: “¡Putumayo presente!”. Iban en nombre de víctimas y campesinos, jóvenes y niños, indígenas y afros, caminando erguidos y sonrientes por el centro bogotano. Aquí unas imágenes:

 

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Región Caribe, también en el limbo

Por Oscar Montes

@leydelmontes

En los Montes de María, entre los departamentos de Bolívar y Sucre, sus habitantes esperan ansiosos que la incertidumbre que viven desde el pasado 2 de Octubre, cuando él No le ganó al Sí, en el llamado Plebiscito por La Paz, llegue a su fin. Pocas zonas de la Región Caribe padecieron con mayor intensidad el enfrentamiento feroz de guerrillas y paramilitares. Ahí están las masacres de Chinulito y El Salado, entre otras, para demostrarlo con un buen número de viudas y huérfanos.

El gobernador de Bolívar, Dumek Turbay, oriundo del Carmen de Bolívar, epicentro de Los Montes de María, quien junto con todos los gobernadores de la Región Caribe se puso la camiseta del Sí, sabe muy bien que la firma del Acuerdo Final de Paz con las FARC -hoy sin validez jurídica y política por cuenta del triunfo del No- significa poder pasar la página de horror que por años vivió su tierra. “En el posconflicto habrá mayor inversión social y con ello mayor desarrollo”, me dijo recientemente en Cartagena el joven mandatario. Igual piensan Eduardo Verano de la Rosa, del Atlántico; y Édgar Martínez, de Sucre.

El limbo en que están los cientos de municipios que fueron afectados por la guerra -entre ellos aquellos que serían puntos de asentamientos de los guerrilleros que se desmovilizaría, como Conejo, en La Guajira; Tierralta, en Córdoba; y La Paz, Cesar- paralizó de repente todos los proyectos que se tenían diseñados desde las administraciones departamental y municipales. 

Nada se puede hacer hasta que el Gobierno, con el presidente Juan Manuel Santos a la cabeza, logre acuerdos con los líderes del No, entre ellos el expresidente y actual senador, Álvaro Uribe, que permitan superar la grave situación que quedó planteada con la derrota del Sí. Dichos acuerdos deberán ser sometidos al visto buenos de las FARC -contraparte del Gobierno en la mesa de La Habana- para ahí continuar con una salida jurídica y política a la crisis. Estamos hablando de varias semanas. El tiempo -la falta de tiempo- es la mayor dificultad de los acuerdos entre las tres partes: Gobierno, FARC y líderes del No.

La guerra en Colombia se desarrolló en las regiones, especialmente en el campo -las ciudades no padecieron la arremetida de la subversión, como sucedió en Perú, por ejemplo, con Sendero Luminoso- ello obliga a que la paz sea también regional. Así lo ha anunciado en varias oportunidades el presidente Juan Manuel Santos. Ese desarrollo regional que se espera con él posconflicto es el que está hoy en el limbo. 

¿Cómo superar ese cuello de botella? La única manera es con una buena dosis de sensatez y madurez política que permita alcanzar acuerdos viables. No es tiempo de soberbia o vanidades. Sin paz todos somos perdedores, pero los mayores perdedores serán las regiones, como podría suceder con los habitantes de Los Montes, cuyos líderes claman por un acuerdo con las FARC que permita dejar atrás 52 años de guerra inclemente. Ese es su sueño, pero la realidad les muestra que tendrán que seguir esperando, por ahora.

¿Ideología de género o degenerar la ideología?

Entre las razones que esgrimieron algunos partidarios del “no” a la refrendación de los acuerdos de paz entre el Estado colombiano y las FARC se señalaba la inclusión en el texto final de lo que se ha denominado “ideología de género”. Pero ¿esto qué significa? Gonzalo Ruiz Giraldo, activista de la comunidad LGBTI, conversa acerca del tema y trata de dilucidar una respuesta para esta cuestión.

Más allá del si o el no, más allá de Santos y Uribe…

Es usual hoy en día, y de hecho desde los días siguientes a los resultados del plebiscito, encontrar noticias relacionadas con las controversias generadas a raíz de las artimañas desarrolladas por el grupo de campaña del ex presidente Álvaro Uribe (que lograron convencer a un número grande de ciudadanos que votaron por él no, no por ser seguidores de sus argumentos estrictamente), con los estados de ánimo del grupo que rodea a todo el presidente Juan Manuel Santos y los ciudadanos que acompañaron su proceso en torno al sí en las urnas e, igualmente, artículos noticiosos que no solo se enfocan en las posibilidades con las que cuenta el país para darle viabilidad o salida al proceso de paz logrado con las FARC, sino también artículos que ponen en un nivel muy alto a dos personajes que, aunque quieren la paz, no concuerdan en algunas de las ideas plasmadas en dichos acuerdos y que, en algunos canales del orden nacional y local, ponen en evidencia aspectos que van mucho más allá de lo que los acuerdos en forma natural pueden mostrar.

Y, aunque para nadie es un secreto que esto es muy importante para conocer el rumbo, sobre todo a feliz término, que pueda tener el proceso de paz, en un contexto donde un nobel de paz otorgado al primer mandatario que puede significar dos cosas. Una, que la comunidad internacional requiere por parte del gobierno nacional sumar esfuerzos para darla salida positiva al proceso y, segundo, que la oposición tienda a dilatar aún más la coyuntura, buscando beneficios de orden estrictamente político, que para muchos no es nada raro que se relaciona con la nueva elección presidencial que se avecina, lo cierto es que la comunidad en general, no solo la nacional sino también la internacional, espera que la paz que el gobierno llama como “estable y duradera” se logre de la mejor forma o inicie su proceso con la desmovilización y la inserción a la legalidad de gran parte de los integrantes de las FARC. Por lo que en este punto, lo importante no es centrar la discusión en que personalidades recaiga la conducción del proceso o de quienes sean los protagonistas del sí y el no, lo verdaderamente trascendental es permitir que todo llegue a feliz término, buscando esa reconciliación no solo entre el gobierno y la oposición, entre el gobierno-la oposición y las FARC, sino también sobre los que en algún momento dijimos sí o no a los acuerdos de paz antes y después del plebiscito.

Muestra de lo anterior han sido las diferentes manifestaciones por la paz que no contiene ningún tinte político o ideológico asociados al gobierno y la oposición, sino a una forma de pensar en la que el bienestar social se convierte en la verdadera consigna a replicar en todo el territorio nacional. Iniciativas que llevan a fortalecer lo anteriormente mencionado y en la que el verdadero protagonismo lo adquieren las personas del común que han sido víctimas directas e indirectas del conflicto, pero que razonan en algo particular: la paz. De esta forma, es muy importante preguntarse: ¿Qué tanto queremos la paz?, y no necesariamente se convierte en una pregunta dirigida al ciudadano común, que como lo he mencionado ha salido a las calles a elevar su voz por una causa que vale la pena y que el país requiere hace muchos años.

Por el contrario, es una pregunta dirigida a aquellas personalidades del orden político nacional, que es ahora donde realmente se sabrá el rumbo del proceso de paz, recordando que para ellos no sabemos qué tan viable sea dejar, nuevamente, en manos de la población una decisión de tal magnitud, y más ahora que los resultados del plebiscito del 2 de octubre puso en una posición privilegiada al grupo del hoy senador Uribe. Posición que han sabido manejar, pero que también ha dado ese impulso necesario para encontrar, cada día que pasa esta coyuntura, iniciativas que buscan sumar esfuerzos para el cambio nacional y mucho más ahora que se avecina una negociación otro grupo armado que en su momento dividirá al país en torno a esos acuerdos que se puedan lograr. Por ende, es una situación normal que la coyuntura del país transcurra de esta forma, pero si sería anormal que desde la posición del ciudadano del común pensemos que debemos replicar este tipo de actuaciones, por lo que estas palabras se convierten en una invitación a sumarse a los procesos sociales a favor de la paz.

En suma, habrá que ser pacientes, seguir informados y convencernos de que la paz es el verdadero camino para cambiar mentalidades, costumbres, actitudes, etc., que se asociación con aquellos aspectos que desintegran el tejido social y ayudan a perpetuar sentimientos de odio, resentimiento, entre otros., que durante muchos años se han interiorizado en algunos ciudadanos.

Jhon James Guerrero
Profesional en Estudios Políticos y Resolución de Conflictos
Universidad del Valle

La agenda de paz en el Caribe

En términos generales, la región caribe presentó un balance altamente favorable al sí, superando en todos los departamentos más de la mitad de la votación favorable, y particularmente llama la atención que en departamentos como Sucre, Córdoba y La Guajira, que han sufrido fuerte presión de los grupos armado, contra todos los pronósticos, la tendencia por el Sí, fue altamente favorable. En el caso del César, último departamento que en la región presentó incursiones de las FARC (2015) y donde se encuentra uno de los campamentos de concentración de la guerrilla, fue el que marcó mayor tendencia media con un 50.66% por el sí y un 49.33% por el No.

Departamento NO Abstencionismo
Atlántico 60,53% 39,46% 75,90%
Bolívar 60,23% 39,76% 76,67%
Cesar 50,66% 49,33% 57,47%
Córdoba 60,73% 39,26% 68,35%
La Guajira 61,14% 38,85% 80,61%
Magdalena 60,53% 39,46% 75,57%
San Andrés 55,01% 44,98% 79,80%
Sucre 61,88% 38,11% 65,64%

En relación a la abstención sigue siendo un tema preocupante, pues fue determinante en los resultados; y si bien, en Colombia la tendencia de la abstención siempre ha rondado el 63% y el Caribe, donde hay una gran cuota de ésta, ha llegado a niveles del 57%, en las elecciones del 2010, la única que conservó la tendencia fue Sucre, con un 65%, de resto las demás se dispararon a cifras históricas; en este caso, la tendencia rompió todos los pronósticos, superando esa barrera, con datos alarmantes como el caso de la Guajira con un 80% o de San Andrés con un 79.80%

En la dinámica urbana regional, que vivió el proceso electoral, donde las grandes concentraciones urbanas que no han recibido de manera directa los efectos de la violencia, fueron determinantes apoyando masivamente el No, frente a la poca participación rural que ha tenido los impactos de la guerra y que mayoritariamente apoyo el Sí, se presentó una variable interesante en el Caribe con respecto al resto del país; ha excepción de Montería, donde ganó por una leve ventaja el No; el resto de ciudades capitales, a diferencia de las otras capitales del país apoyaron mayoritariamente el Sí, destacándose el caso de Riohacha, capital de la Guajira, donde los impactos del conflicto han sido severos, unidos a problemas de   corrupción y abandono estatal, el 63.57% votó favorablemente el plebiscito por la paz.

Ciudades capitales NO Abstencionismo
Barranquilla 57.44% 42.55% 75,10%
Cartagena 55,73% 44,26% 79,88%
Valledupar 51,69% 48,30% 68,52%
Montería 48,02% 51,97% 69,21%
Riohacha 63,57% 36,42% 74,66%
Santa Marta 53,56% 46,43% 70,84%
Sincelejo 54,37% 45,62% 64,07%

 

Por otro lado, preocupa el nivel de abstencionismo en Cartagena, donde se configuro una de las plataformas de la sociedad civil más destacadas para apoyar los acuerdos de paz, llamada “Bolívar vota Sí”, con una abstención del 79.88% de la población apta para ejercer el derecho al voto, validada por alguno en el mal tiempo ocurrido ese día en la ciudad, dejó en un bajo nivel de participación en la capital que se esperaba sería bastión en este proceso plebiscitario.

Caribe afirmativo, ha venido proponiendo un trabajo de incidencia en ciudades intermedias de la región, que si bien no son ciudades capitales, por su ubicación estrategia, potencial de desarrollo y situación poblacional, se han convertido en receptoras de grandes grupos de población desplazada, han recibido efectos directos de la violencia y también emergen experiencias de procesos de movilización social, entre ellos liderazgos de lesbianas, gays, bisexuales y trans, con grupo de trabajo, políticas públicas, procesos de movilización social y acciones estatales.

En estos lugares los efectos de la violencia se han canalizado hacia las personas LGBT, haciéndolas portadoras de expresiones de estigma y discriminación que se conjugan con niveles de pobreza, inequidad, racismo y falta de cultura ciudadana. Por ello y desde nuestra estrategia “Casas de Paz”, venimos haciendo un acompañamiento particular a estos territorios y   hacemos una reflexión constante de las formas en que el apoyo al plebiscito para afirmar una paz estable y duradera fue acogido en dichas localidades.

Ciudades priorizadas NO Abstencionismo
Maicao (La Guajira) 52,95% 47,04% 82,74%
Ciénaga (Magdalena) 49,88% 50,11% 78,19%
Soledad (Atlántico) 58,97% 41,02% 78,14%
Carmen de Bolívar (Bolívar) 53,20% 46,79% 70,20%

 

Soledad, reconocida como la ciudad en el caribe con mayor presencia de grupos de personas desplazadas y víctimas del conflicto armado, presentó un apoyo ampliamente favorable al proceso de paz, que superó la media de la región, y que da cuenta de un municipio donde tanto autoridades como sociedad civil asumieron desde el inicio del proceso de paz un compromiso con los acuerdos y el postconflicto. Maicao y Carmen de Bolívar, marcaron mayoritariamente y en la media regional un apoyo al Sí del plebiscito; a diferencia de Ciénaga, donde también los efectos de la violencia han sido significativos, particularmente por acciones paramilitares y de bandas criminales, pero con una leve ventaja ganó el No con un 50.,11% frente a un 49,88% que estuvo a favor del Sí.

En relación con el abstencionismo estos municipios mostraron una tendencia igual de preocupante al resto del país y muy similar a sus departamentos, por ejemplo Maicao marcó un 82% frente a un 80% de su departamento. Sin embargo, el Carmen de Bolívar, en los Montes de María, el municipio que quizás más ha sufrido la violencia de las Farc en el Caribe Colombiano, marcó una abstención menor que la media de la región con un 70.20% que igual sigue siendo muy alta y preocupante en un proceso democrático.

El alto abstencionismo en la región Caribe, donde se esperaban las votaciones por el Sí más altas del país, se pueden deber a distintos factores:

  1. La indecisión del partido Cambio Radical de vincularse al Sí: La región Caribe ha sido históricamente un nicho electoral de este partido, pero después de muchas evasiones por parte del vicepresidente Germán Vargas Lleras para definir su posición en el escenario del posconflicto, y el poco compromiso de los gobiernos locales con las campañas por el Sí, la ciudadanía no se sintió motivada para salir a votar.
  2. Condiciones climáticas: El día domingo amaneció en la región Caribe con fuertes lluvias debido al huracán Matthew, lo cual desmotivó la activa participación política de muchas personas. La costa Caribe colombiana ha sido una región históricamente caracterizada por la poca gestión de las autoridades locales y la ausencia de presencia Estatal, siendo así, las condiciones de infraestructura son muy precarias. Prueba de ellos es que los gobernantes de la costa solicitaron al Consejo Nacional Electoral ampliar la jornada electoral después de que dejara de llover.
  3. Dinámicas políticas del Caribe: La costa Caribe se ha caracterizado a lo largo de los años por ser el fortín político de familias electorales que a través de la compra de voto han llegado y se han mantenido en el poder. En estas elecciones la maquinaría no se movió y por ende, la ciudadanía no tuvo motivos para votar. La cultura política en el Caribe colombiano se centra en el voto amarrado o comprado.
  4. Capacidad de movilización de las iglesias cristianas: El caribe colombiano se ha convertido en el fortín de iglesias cristianas, las cuales, bajo el falso pretexto de “proteger a la familia” y luchar contra la supuesta “ideología de género” decidieron apoyar el NO con discursos homofóbicos, patriarcales y discriminantes.

Se debe recordar que luego del escándalo sobre las supuestas cartillas que el Ministerio de Interior iba a entregar en los colegios del país para promover la inclusión y no discriminación, las iglesias (católicas y cristianas) se movilizaron, y fue en la costa Caribe donde mayor número de personas marcharon contra lo que llamaban “imposición de la ideología de género”; específicamente, Barranquilla fue la ciudad que contó con mayor participación de marchantes.

Después de este suceso, las mismas personas promotoras de las marchas, difundieron cuadernillos titulados “Mi familia dice NO, porque este acuerdo de paz la destruye”; estos afirmaban no estar vinculados a ningún partido político y se limitaban a firmarlo con el portal web www.protegiendoalafamilia.com.

La victoria del No en el plebiscito para refrendar la paz significó no sólo la no aceptación de los acuerdos de paz firmados entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias, sino que también dejó en evidencia una cultura patriarcal y homofóbica en el Caribe Colombiano incapaz de aceptar las diferencias para vivir en paz.

Estos acuerdos tuvieron la particularidad de ser el primer acuerdo en el mundo en incluir un enfoque de género, el cual busca garantizar la igualdad de derechos de mujeres y personas LGBTI que se han visto afectadas por el conflicto armado colombiano.

Agendas Posterior al plebsicito en el Caribe.

Movilización social para rodear los acuerdos, buscando al sensiblidad de los abstencionsitas ( indiferentes) y educación ciudadana sobre el enfoque de género con base a reconocer que el conflicto armado afecto a personas en razón de su género, orientación sexual e identidades de género y que deben ser reparadas en el posconflcito, pues no puede existir paz sin igualdad.

Desde el 26 de septiembre, avisorando el gran reto que generaba para la sociedad civil del Caribe, rodear los acuerdos, en el Museo Histórico de Cartagena de Indias (Palacio de la Inquisición), realizamos una gran asamblea ciudadana previo al acto protocolario de la firma de la Paz, para conversar con dirigentes políticos, defensores de derechos humanos, personas LGBT, lideresas del grupo de mujeres, sindicalistas, representates de grupos indígenas, afros y académicos sobre los impactos del acuerdo firmado en La Habana en la sociedad.

Este evento denominado “El País que Soñamos” invitó a reflexionar sobre temas como: el país que el acuerdo de paz nos permite soñar, los retos para garantizar la superación de la violencia de género, la reparación y restitución de derechos de las víctimas, el reconocimiento de ciudadanía plena a las personas LGBTI, contar con un estatuto que permita ejercer en el ejercicio político la oposición y las garantías para que en el ejercicio de la implementación de los acuerdos en la Habana y de la aplicación del enfoque de género todos los colombianos y colombianas podamos contribuir a la construcción de paz. Esta ciudadanía empoderada, ante los resultados del Plebiscito, asumió un compromiso de salir a las calles y   exigir acciones contundentes para garantizar la paz. Entre las acciones emprendidas en el Caribe se resaltan:

  1. La ideología de género no existe:

Campaña de pedagogía liderada por Caribe Afirmativo, dando a entender los puntos positivos del acuerdo de paz e informando qué es el enfoque de género su importancia sociológica para superar la afectacion diferencial y excervada del conflicto a mujeres y personas LGBT y su eventual impacto positivo en la vida social y política del país, garantizando que la paz se construye de la mano a la igualdad.

  1. En el Caribe la Paz a la calle.

Procesos de Paz a la Calle en Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Montería y Sincelejo, que en sintonía con las movilizaciones nacionales, mueven ejercicios de empoderamiento ciudadano de cara a los acuerdos, tomándose parques, calles y expresiones culturales propias del Caribe, como guachernas, eventos culturales y deportivos.

  1. En el Caribe votamos Sí:

Acciones de empoderamiento de las plataformas del Sí de la región con expresiones como el campamento en Cartagena de líderes sociales de la plataforma Bolívar vota Sí, tendiente a presionar acciones inmediatas del gobierno.

  1. Pacto Caribe por la Paz:

Dada la polarización que generó la desinformación del enfoque de género, encontrando un caldo de cultivo en el fervor religioso que se volcó a las urnas a apoyar el No, hemos iniciado diálogos locales con líderes religiosos en Barranquilla, Montes de María y Cartagena, de iglesias que no se radicalizaron en su posición, buscando generar pactos ciudadanos que permitan a los creyentes reconocer que la única intención de dicho enfoque es la superación de la violencia, que en ocasión tambien los afecta a ellos en orden a su vida de fe.

  1. Cumbre Caribe Por la Paz:

Caribe Afirmativo en asocio con FESCOL, estamos convocando para el 24 de octubre un gran encuentro de iniciativas por el avance de los acuerdos de Paz, para hacer un gran análisis de región y cosntruir una estrategia colectiva que permita: a) Rodear los acuerdos de Paz; b) exigir celeridad en el proceso de ajustes de los acuerdos, sin que esto signifique desconocer la centralidad de las víctimas en éste proceso; c)Llamar la atención de el papel importante de la región, por ser las mayores receptores de la violencia e impedir que esto se convierta en un ejercicio de élites y d) Desde la región rodear, reconocer y exigir   que se mantenga la justicia transicional, la reparación efectiva a las víctimas, particularmente en el escenario de la ruralidad, la participación política y el enfoque de género.

Para nosotros es clave que no se pierda de vista que las víctimas deben ser las primeras en éste proceso, que los territorios regionales deben ser protagonistas de las acciones y que   la igualdad y el reconocimiento diferencial de los daños que el conflicto armado generaron a mujeres y personas LGBT son prerrequisitos que desde el Caribe exigimos, estén sobre la mesa, acompañados de la celeridad de las acciones y de la transparencia del debate público de este proceso.

 

Wilson Castañeda Castro

Caribe Afirmativo

En términos generales, la región caribe presentó un balance altamente favorable al sí, superando en todos los departamentos más de la mitad de la votación favorable, y particularmente llama la atención que en departamentos como Sucre, Córdoba y La Guajira, que han sufrido fuerte presión de los grupos armado, contra todos los pronósticos, la tendencia por el Sí, fue altamente favorable. En el caso del César, último departamento que en la región presentó incursiones de las FARC (2015) y donde se encuentra uno de los campamentos de concentración de la guerrilla, fue el que marcó mayor tendencia media con un 50.66% por el sí y un 49.33% por el No.

Departamento SI NO Abstencionismo
Atlántico 60,53% 39,46% 75,90%
Bolívar 60,23% 39,76% 76,67%
Cesar 50,66% 49,33% 57,47%
Córdoba 60,73% 39,26% 68,35%
La Guajira 61,14% 38,85% 80,61%
Magdalena 60,53% 39,46% 75,57%
San Andrés 55,01% 44,98% 79,80%
Sucre 61,88% 38,11% 65,64%

En relación a la abstención sigue siendo un tema preocupante, pues fue determinante en los resultados; y si bien, en Colombia la tendencia de la abstención siempre ha rondado el 63% y el Caribe, donde hay una gran cuota de ésta, ha llegado a niveles del 57%, en las elecciones del 2010, la única que conservó la tendencia fue Sucre, con un 65%, de resto las demás se dispararon a cifras históricas; en este caso, la tendencia rompió todos los pronósticos, superando esa barrera, con datos alarmantes como el caso de la Guajira con un 80% o de San Andrés con un 79.80%

En la dinámica urbana regional, que vivió el proceso electoral, donde las grandes concentraciones urbanas que no han recibido de manera directa los efectos de la violencia, fueron determinantes apoyando masivamente el No, frente a la poca participación rural que ha tenido los impactos de la guerra y que mayoritariamente apoyo el Sí, se presentó una variable interesante en el Caribe con respecto al resto del país; ha excepción de Montería, donde ganó por una leve ventaja el No; el resto de ciudades capitales, a diferencia de las otras capitales del país apoyaron mayoritariamente el Sí, destacándose el caso de Riohacha, capital de la Guajira, donde los impactos del conflicto han sido severos, unidos a problemas de   corrupción y abandono estatal, el 63.57% votó favorablemente el plebiscito por la paz.

Ciudades capitales SI NO Abstencionismo
Barranquilla 57.44% 42.55% 75,10%
Cartagena 55,73% 44,26% 79,88%
Valledupar 51,69% 48,30% 68,52%
Montería 48,02% 51,97% 69,21%
Riohacha 63,57% 36,42% 74,66%
Santa Marta 53,56% 46,43% 70,84%
Sincelejo 54,37% 45,62% 64,07%

 

Por otro lado, preocupa el nivel de abstencionismo en Cartagena, donde se configuro una de las plataformas de la sociedad civil más destacadas para apoyar los acuerdos de paz, llamada “Bolívar vota Sí”, con una abstención del 79.88% de la población apta para ejercer el derecho al voto, validada por alguno en el mal tiempo ocurrido ese día en la ciudad, dejó en un bajo nivel de participación en la capital que se esperaba sería bastión en este proceso plebiscitario.

Caribe afirmativo, ha venido proponiendo un trabajo de incidencia en ciudades intermedias de la región, que si bien no son ciudades capitales, por su ubicación estrategia, potencial de desarrollo y situación poblacional, se han convertido en receptoras de grandes grupos de población desplazada, han recibido efectos directos de la violencia y también emergen experiencias de procesos de movilización social, entre ellos liderazgos de lesbianas, gays, bisexuales y trans, con grupo de trabajo, políticas públicas, procesos de movilización social y acciones estatales.

En estos lugares los efectos de la violencia se han canalizado hacia las personas LGBT, haciéndolas portadoras de expresiones de estigma y discriminación que se conjugan con niveles de pobreza, inequidad, racismo y falta de cultura ciudadana. Por ello y desde nuestra estrategia “Casas de Paz”, venimos haciendo un acompañamiento particular a estos territorios y   hacemos una reflexión constante de las formas en que el apoyo al plebiscito para afirmar una paz estable y duradera fue acogido en dichas localidades.

Ciudades priorizadas SI NO Abstencionismo
Maicao (La Guajira) 52,95% 47,04% 82,74%
Ciénaga (Magdalena) 49,88% 50,11% 78,19%
Soledad (Atlántico) 58,97% 41,02% 78,14%
Carmen de Bolívar (Bolívar) 53,20% 46,79% 70,20%

 

Soledad, reconocida como la ciudad en el caribe con mayor presencia de grupos de personas desplazadas y víctimas del conflicto armado, presentó un apoyo ampliamente favorable al proceso de paz, que superó la media de la región, y que da cuenta de un municipio donde tanto autoridades como sociedad civil asumieron desde el inicio del proceso de paz un compromiso con los acuerdos y el postconflicto. Maicao y Carmen de Bolívar, marcaron mayoritariamente y en la media regional un apoyo al Sí del plebiscito; a diferencia de Ciénaga, donde también los efectos de la violencia han sido significativos, particularmente por acciones paramilitares y de bandas criminales, pero con una leve ventaja ganó el No con un 50.,11% frente a un 49,88% que estuvo a favor del Sí.

En relación con el abstencionismo estos municipios mostraron una tendencia igual de preocupante al resto del país y muy similar a sus departamentos, por ejemplo Maicao marcó un 82% frente a un 80% de su departamento. Sin embargo, el Carmen de Bolívar, en los Montes de María, el municipio que quizás más ha sufrido la violencia de las Farc en el Caribe Colombiano, marcó una abstención menor que la media de la región con un 70.20% que igual sigue siendo muy alta y preocupante en un proceso democrático.

El alto abstencionismo en la región Caribe, donde se esperaban las votaciones por el Sí más altas del país, se pueden deber a distintos factores:

  1. La indecisión del partido Cambio Radical de vincularse al Sí: La región Caribe ha sido históricamente un nicho electoral de este partido, pero después de muchas evasiones por parte del vicepresidente Germán Vargas Lleras para definir su posición en el escenario del posconflicto, y el poco compromiso de los gobiernos locales con las campañas por el Sí, la ciudadanía no se sintió motivada para salir a votar.
  2. Condiciones climáticas: El día domingo amaneció en la región Caribe con fuertes lluvias debido al huracán Matthew, lo cual desmotivó la activa participación política de muchas personas. La costa Caribe colombiana ha sido una región históricamente caracterizada por la poca gestión de las autoridades locales y la ausencia de presencia Estatal, siendo así, las condiciones de infraestructura son muy precarias. Prueba de ellos es que los gobernantes de la costa solicitaron al Consejo Nacional Electoral ampliar la jornada electoral después de que dejara de llover.
  3. Dinámicas políticas del Caribe: La costa Caribe se ha caracterizado a lo largo de los años por ser el fortín político de familias electorales que a través de la compra de voto han llegado y se han mantenido en el poder. En estas elecciones la maquinaría no se movió y por ende, la ciudadanía no tuvo motivos para votar. La cultura política en el Caribe colombiano se centra en el voto amarrado o comprado.
  4. Capacidad de movilización de las iglesias cristianas: El caribe colombiano se ha convertido en el fortín de iglesias cristianas, las cuales, bajo el falso pretexto de “proteger a la familia” y luchar contra la supuesta “ideología de género” decidieron apoyar el NO con discursos homofóbicos, patriarcales y discriminantes.

Se debe recordar que luego del escándalo sobre las supuestas cartillas que el Ministerio de Interior iba a entregar en los colegios del país para promover la inclusión y no discriminación, las iglesias (católicas y cristianas) se movilizaron, y fue en la costa Caribe donde mayor número de personas marcharon contra lo que llamaban “imposición de la ideología de género”; específicamente, Barranquilla fue la ciudad que contó con mayor participación de marchantes.

Después de este suceso, las mismas personas promotoras de las marchas, difundieron cuadernillos titulados “Mi familia dice NO, porque este acuerdo de paz la destruye”; estos afirmaban no estar vinculados a ningún partido político y se limitaban a firmarlo con el portal web www.protegiendoalafamilia.com.

La victoria del No en el plebiscito para refrendar la paz significó no sólo la no aceptación de los acuerdos de paz firmados entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias, sino que también dejó en evidencia una cultura patriarcal y homofóbica en el Caribe Colombiano incapaz de aceptar las diferencias para vivir en paz.

Estos acuerdos tuvieron la particularidad de ser el primer acuerdo en el mundo en incluir un enfoque de género, el cual busca garantizar la igualdad de derechos de mujeres y personas LGBTI que se han visto afectadas por el conflicto armado colombiano.

Agendas Posterior al plebsicito en el Caribe.

Movilización social para rodear los acuerdos, buscando al sensiblidad de los abstencionsitas ( indiferentes) y educación ciudadana sobre el enfoque de género con base a reconocer que el conflicto armado afecto a personas en razón de su género, orientación sexual e identidades de género y que deben ser reparadas en el posconflcito, pues no puede existir paz sin igualdad.

Desde el 26 de septiembre, avisorando el gran reto que generaba para la sociedad civil del Caribe, rodear los acuerdos, en el Museo Histórico de Cartagena de Indias (Palacio de la Inquisición), realizamos una gran asamblea ciudadana previo al acto protocolario de la firma de la Paz, para conversar con dirigentes políticos, defensores de derechos humanos, personas LGBT, lideresas del grupo de mujeres, sindicalistas, representates de grupos indígenas, afros y académicos sobre los impactos del acuerdo firmado en La Habana en la sociedad.

Este evento denominado “El País que Soñamos” invitó a reflexionar sobre temas como: el país que el acuerdo de paz nos permite soñar, los retos para garantizar la superación de la violencia de género, la reparación y restitución de derechos de las víctimas, el reconocimiento de ciudadanía plena a las personas LGBTI, contar con un estatuto que permita ejercer en el ejercicio político la oposición y las garantías para que en el ejercicio de la implementación de los acuerdos en la Habana y de la aplicación del enfoque de género todos los colombianos y colombianas podamos contribuir a la construcción de paz. Esta ciudadanía empoderada, ante los resultados del Plebiscito, asumió un compromiso de salir a las calles y   exigir acciones contundentes para garantizar la paz. Entre las acciones emprendidas en el Caribe se resaltan:

  1. La ideología de género no existe:

Campaña de pedagogía liderada por Caribe Afirmativo, dando a entender los puntos positivos del acuerdo de paz e informando qué es el enfoque de género su importancia sociológica para superar la afectacion diferencial y excervada del conflicto a mujeres y personas LGBT y su eventual impacto positivo en la vida social y política del país, garantizando que la paz se construye de la mano a la igualdad.

  1. En el Caribe la Paz a la calle.

Procesos de Paz a la Calle en Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Montería y Sincelejo, que en sintonía con las movilizaciones nacionales, mueven ejercicios de empoderamiento ciudadano de cara a los acuerdos, tomándose parques, calles y expresiones culturales propias del Caribe, como guachernas, eventos culturales y deportivos.

  1. En el Caribe votamos Sí:

Acciones de empoderamiento de las plataformas del Sí de la región con expresiones como el campamento en Cartagena de líderes sociales de la plataforma Bolívar vota Sí, tendiente a presionar acciones inmediatas del gobierno.

  1. Pacto Caribe por la Paz:

Dada la polarización que generó la desinformación del enfoque de género, encontrando un caldo de cultivo en el fervor religioso que se volcó a las urnas a apoyar el No, hemos iniciado diálogos locales con líderes religiosos en Barranquilla, Montes de María y Cartagena, de iglesias que no se radicalizaron en su posición, buscando generar pactos ciudadanos que permitan a los creyentes reconocer que la única intención de dicho enfoque es la superación de la violencia, que en ocasión tambien los afecta a ellos en orden a su vida de fe.

  1. Cumbre Caribe Por la Paz:

Caribe Afirmativo en asocio con FESCOL, estamos convocando para el 24 de octubre un gran encuentro de iniciativas por el avance de los acuerdos de Paz, para hacer un gran análisis de región y cosntruir una estrategia colectiva que permita: a) Rodear los acuerdos de Paz; b) exigir celeridad en el proceso de ajustes de los acuerdos, sin que esto signifique desconocer la centralidad de las víctimas en éste proceso; c)Llamar la atención de el papel importante de la región, por ser las mayores receptores de la violencia e impedir que esto se convierta en un ejercicio de élites y d) Desde la región rodear, reconocer y exigir   que se mantenga la justicia transicional, la reparación efectiva a las víctimas, particularmente en el escenario de la ruralidad, la participación política y el enfoque de género.

Para nosotros es clave que no se pierda de vista que las víctimas deben ser las primeras en éste proceso, que los territorios regionales deben ser protagonistas de las acciones y que   la igualdad y el reconocimiento diferencial de los daños que el conflicto armado generaron a mujeres y personas LGBT son prerrequisitos que desde el Caribe exigimos, estén sobre la mesa, acompañados de la celeridad de las acciones y de la transparencia del debate público de este proceso.

 

Wilson Castañeda Castro

Caribe Afirmativo

¡Paz!

La Paz como derecho constitucional trasciende la esfera personal para constituirse en un anhelo colectivo.

Los resultados del plebiscito que pretendían refrendar el acuerdo final de lo pactado entre el Gobierno Nacional y las FARC, constituyó una lección histórica para nuestro país. En Manizales pese a la estrecha ventaja que obtuvo el NO, la región cafetera estuvo mayoritariamente con esta postura.

Una serie de factores conexos que han hecho carrera en la vida política de nuestra sociedad y que no son ajenos a las capitales del Eje cafetero, considero marcaron la decisión ya conocida.

El primero de ellos es lo intangible que resulta para la mayoría de los colombianos el concepto de Paz. Más de 50 años de historia marcada por la presencia de una guerrilla que con crueldad y sin reparos atacó la infraestructura del país, sembró de minas los campos, causó dolor en centenares de familias de personas ajenas a una causa “revolucionaria”, marcaron con tinta indeleble y con odio imperdonable para muchos a este grupo alzado en armas.

Ahora bien, el perdón. La condición humana requiere de un alto grado sublime para poner en práctica procesos de perdón y reconciliación.

En el correr de los días en ciudades como Manizales  que no se han visto afectadas frontalmente por la presencia de la violencia de guerrillas, se dan episodios cotidianos de enfrentamientos producto de la intolerancia, la venganza y obviamente enfrentamientos entre segmentos poblaciones que generan cadenas de homicidios.

En estos casos se hace evidente la debilidad en el “don del perdón”, capacidad individual que trasladar a lo colectivo no resulta expedita de alcanzar.

Desde el plano político con los resultados quedó ampliamente plasmada la polarización del país en tres vertientes. Una que defiende un proceso por demás en mi concepto admirable, independiente de los factores externos que son sujeto de reparos.

El Presidente de la República Juan Manuel Santos se jugó su capital político. 6 años de negociación en medio de la hostilidad y la baja aprobación popular de las conversaciones, puso a prueba su paciencia, convicción y perseverancia; elementos que a la postre le permitieron alcanzar no sólo el acuerdo final, sino el reconocimiento de la comunidad internacional plasmada en el Premio Nobel de Paz.

En otra orilla los defensores del No. Inocultable también el aún poder de persuasión en sectores de la opinión pública del Ex Presidente Álvaro Uribe y su partido Centro Democrático. Las razones del no acudieron precisamente a lógicas sencillas para captar la atención de ciudadanos inconformes con lo pactado.

Y un tercer elemento, que por demás está presente en todas las elecciones, sin ser la del plebiscito la que bajara los niveles; la abstención. Un 60% de ciudadanos no acudieron a las urnas. Una masa de votantes que dejan en un limbo su posición: o no se interesan por los temas gruesos de la agenda de país o simplemente su cotidianidad no se encuentra permeada por situaciones en los que se define un asunto que nos de poca monta: el fin del conflicto.

Luego de las elecciones, del triunfo del No, de la sombra de temor que nos acompaña y de la alta carga de incertidumbre que el proceso derivó, estamos presenciando manifestaciones que nos permiten aún confiar en que más allá de lo acordado la ciudadanía comienza a despertar y exigir un final sin dilaciones. Estudiantes marchando, grupos opositores buscando alternativas de encuentro y re negociación y un secretariado de las FARC defendiendo la postura de avanzar por el camino de la Paz.

Si esta sociedad aprovecha la coyuntura actual seguro estoy de la posibilidad de ganar por medio de la coherencia social lo que no se logró en las urnas: legitimar un acuerdo de paz duradero en el cual el ego propio de los afanes de poder quede relegado por  un arraigado anhelo de construcción colectiva de nuevos escenarios alentadores que sin duda debe traer el pos conflicto.

Octavio Cardona L.
Alcalde de Manizales

Por las víctimas, acuerdo ¡ya!

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Se calcula que 3 mil víctimas del conflicto y 7 mil indígenas arribaron a la capital del país y participaron de la “Marcha de las flores” para exigir un acuerdo de paz inmediato. El corredor humano partió de la Universidad Nacional y del Centro de Memoria y Reconciliación, y se fortaleció en el Planetario de Bogotá. Con flores y aplausos, fueron recibidas en la Plaza de Bolívar las múltiples comisiones regionales.

Marcha Patriótica, invitó a aproximadamente 160 personas del eje cafetero, entre representantes de organizaciones, estudiantes, víctimas de violencia y desplazados, a participar de la marcha.

“Salimos a las 10 de la noche del parque cafetero de Armenia. A Bogotá llegamos a las 7 de la mañana, y a las 9 al coliseo de la Universidad Nacional. La comisión de armenia llegó aproximadamente a las 6 de la tarde a la plaza, para contemplar los actos culturales, y las palabras de representantes de víctimas y de estudiantes universitarios”, aseguro el estudiante y docente de la Universidad del Quindío, José Luis Gavimay Gómez.

Gavimay invita a participar, el próximo 28 de octubre, de una “macro” movilización en Armenia: “se espera contar con, además de la intervención de la capital, con la presencia de diversos municipios del Quindío”.

Laura Díaz Novoa, Diseñador(a) y estudiante de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes.

A aplacar los egos

Después de los asombrosos resultados del plebiscito del 2 de octubre, el país entró en una especie de petrificación de la que aun no sale. Nadie tenía en su imaginario que el No fuera a triunfar y por eso nadie estaba preparado para afrontarlo. Ni el Gobierno Nacional; ni los partidos; ni las Farc; ni los políticos de uno y otro bando; ni la comunidad internacional. ¡Nadie! Pero los hechos nos dijeron que hay que atender el mandato popular que determinó no aprobar los acuerdos entre el Gobierno y las Farc, y entonces hay que entrar a replantearlos y ajustarlos para que se adapten al ordenamiento constitucional y jurídico y no que, como están concebidos, sean nuestro ordenamiento y nuestra constitución las que se ajusten a los acuerdos.

Este replanteamiento conlleva juicio, tiempo, dedicación y disposición y cuenta con una gran ventaja: la voluntad del Gobierno Nacional, de las Farc y de los movimientos por el No para llegar a una pronta conciliación y ajustar las determinaciones a criterios concertados que, así no sean necesariamente del agrado de todas las partes, sí signifiquen un avance en la consecución de la paz estable y duradera.

Pero, paradójicamente, el problema mayor que hoy enfrenta nuestro país no es la concertación entre las fuerzas negociadoras del Si y del No, porque existe la íntima decisión de llegar a una pronta solución. El mayor problema es la exacerbación de los egos de los diferentes bandos políticos que hoy reclaman protagonismo. Porque el golpe que recibieron el Gobierno y sus partidos aliados lesionó gravemente su estabilidad, y los hizo reaccionar con violencia ante sus rivales. La intolerancia se está desbordando y las agresiones no se han hecho esperar. Y esto, más allá de ser una reacción momentánea y espontánea, se está convirtiendo en una bola de nieve que puede ocasionar gravísimas consecuencias de orden institucional. Vemos como algunos líderes políticos quieren desconocer su derrota y proponen salidas desesperadas que solo conducirán a mayores enfrentamientos y mayor polarización. ¿Esto es buscar la paz? ¡Hay que desarmar los espíritus y aplacar los egos! ¡Hay que parar yá!

A los colombianos nos espera una dura etapa de acondicionamiento jurídico, institucional y constitucional, y la tenemos que afrontar con madurez, calma, sosiego y esperanza. Porque seguramente de ella saldremos para esa nueva Colombia que tanto hemos buscado y que, ¡por fin!, podremos construir entre todos.

Opinión exclusiva: Jorge Enrique Pava Quiceno (Columnista diario La Patria)

El futuro nunca es incierto cuando llenamos de amor el presente

Colombia va a llegar a un acuerdo definitivo con las FARC y eso eso es un valioso logro. Lo que no es positivo es presentar ese acuerdo como LA PAZ del país.

Es un paso hacia esa paz pero no LA paz. Par ella queda trecho debido a otros actores de violencia como las Bacrim, Los Elenos y la delincuencia común. Agreguemos a eso la corrupción rampante, la escandalosa inequidad y la injusticia social.

Opinión exclusiva: Gonzalo Gallo González (Columnista diario La Patria)

“Ni un paso atrás”: Armenia participó de marcha por la paz

La capital quindiana, el 7 de octubre, mostró su apoyo al proceso de paz. Centenares de ciudadanos respaldaron las múltiples manifestaciones convocadas durante la semana en el país y reclamaron celeridad en los acuerdos.

Fotografías: Andrés Arizmendy Gómez (Estudiante de Derecho, Universidad La Gran Colombia)

Víctimas del conflicto, estudiantes, docentes, y líderes sociales y políticos se dieron cita, a las 5 de la tarde, en el parque Sucre de la ciudad; transitaron por la carrera 15 hasta el Polideportivo Cafetero de Armenia.

Los asistentes vistieron prendas de color blanco como símbolo de esperanza y respeto a todas las víctimas del conflicto. “Ni un paso atrás, Colombia quiere paz” y “por nuestros campesinos, sí a la paz, sí a los acuerdos” fueron algunas de las consignas vociferadas.

Globos, aplausos, rosas blancas y veladoras, concluyeron el recorrido y acompañaron las peticiones: continuación del cese bilateral al fuego y consolidación pronta de acuerdos.

Laura Díaz Novoa, Diseñador(a) y estudiante de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes.

Elocuente “Marcha del silencio”

“No más guerra”, “Acuerdo ya”, “Queremos la paz”, consignas que miles de ciudadanos arengaron en la “Marcha del silencio” convocada por estudiantes de varias universidades del país el pasado 5 de octubre. En un recorrido que partió desde el Planetario Distrital, en la carrera 7ª con calle 26, hasta la Plaza de Bolívar, se marchó para demostrar que, por encima de filiaciones políticas y religiosas, de haber votado “sí” o “no” en el plebiscito para refrendar los acuerdos de La Habana, existe un consenso general en cuanto al deseo de paz para el país.